El duelo es un proceso de adaptación normal, por el que pasa una persona cuando pierde a un ser querido o cualquier otra pérdida. Una adecuada elaboración del duelo resulta fundamental para una buena salud física y mental.
Esta situación excepcional en la que nos encontramos puede interferir en la elaboración del duelo, pero podemos hacer cosas para ayudar en el proceso.
Es importante tener en cuenta que cada persona lo experimenta de forma diferente. Evita compararte con cómo reaccionan otras personas.

Es verdad que el paso del tiempo ayuda, de hecho, por ese motivo decimos que es un proceso, pero también hay que tener en cuenta cosas que podemos hacer para elaborarlo.
- En un primer momento es importante que aceptes lo que estás sintiendo y no intentes reprimirte.
- Déjate acompañar por tus seres queridos. Una parte importante para elaborar el duelo es buscar apoyo en familiares y amistades, expresar lo que sientes puede ayudarte.
- Con el paso del tiempo, concédete permiso para disfrutar y seguir viviendo, ten en cuenta que esto te ayudará a avanzar en el proceso de duelo. Realiza pequeñas actividades con las que disfrutes, si es necesario, poco a poco, respeta tus tiempos.

Cuida tu alimentación, sueño e higiene. Recuerda que pequeñas actividades que realizamos a diario nos permiten obtener los refuerzos que necesitamos. Intenta mantener tu rutina habitual u organiza una nueva si es necesario.
Puedes dedicar un espacio de tiempo para recordar al ser querido. No tiene que ser inmediatamente, tómate el tiempo que necesites. Puedes recopilar fotos y recuerdos agradables, piensa en las cosas que habéis compartido, que te ha enseñado y que has aprendido gracias a esa persona.
El duelo en la infancia y adolescencia

La creencia de apartar a los niños y niñas de una situación dolorosa para protegerles es muy común, pero qué ocurre cuando esto sucede. Se les aparta del proceso natural de duelo, y esto es considerado como factor de riesgo en problemas en la edad adulta. Si pierden los rituales de despedida y también pierden parte del proceso de duelo.
Lo adecuado es acompañar al niño o a la niña en el duelo, reconociendo y normalizando sus emociones.
La intensidad y duración de la pérdida en las más pequeñas y pequeños es intermitente. De repente se acuerdan y lloran y otras veces juegan. Los niños y las niñas no pueden sobrellevar una pérdida constantemente, no sufren todos los días. No están preparados para sentir pena todos los días. Por eso unos días juegan y otros se acuerdan.
Si hablar de la muerte con un adulto es duro, hablar con una niña o con un niño es tabú. Existen “etapas progresivas”. Aunque depende mucho de la madurez del niño y la niña.
Algunos de los pensamientos que pueden tener los más pequeños y pequeñas de la casa son:
- Pueden regresar.
- Sienten frío y pasan hambre.
- Las personas pueden morir a causa de nuestro comportamiento (pensamiento egocéntrico).
- Ha pasado porque soy mala/o.
Por lo general, los niños y las niñas progresan en esa idea de muerte. Primeramente, piensan y entienden que otras personas mueren, luego que puede morir algún familiar y, por último, entienden que ellos también pueden morir.
Específico para niñas y niños: Recuerda que también necesitan elaborar sus duelos y que también sufren.
Es importante explicarles lo que ha ocurrido, siempre adaptando el lenguaje y contenido a su edad. Acompáñales en el proceso y ayúdales a reconocer y etiquetar sus emociones.
Es importante escoger el lugar y el momento oportuno para comunicar la pérdida y evitar utilizar metáforas o explicaciones demasiado elaboradas. Utiliza palabras sencillas y claras que no le generen confusión, para evitar que el niño o la niña elabore ideas erróneas que le puedan generar malestar, del tipo “El abuelo ya no está porque el otro día me enfade con él”. Déjale claro que ningún comportamiento suyo ha influido en la pérdida.
Dependiendo de la edad, resulta útil utilizar el superlativo “El abuelo estaba muy, muy, muy malito y ha dejado de vivir”.
Se recomienda dar la noticia lo antes posible.
En ocasiones será necesario explicar y aclarar el concepto de muerte, adaptado a la edad del niño o la niña. Dejar claro que ninguna conducta que haga podrá hacer que el ser querido vuelva.
Permitir que participe en los ritos funerarios. En estas circunstancias, promover, siempre que no genere malestar y si le apetece, realizar algún álbum de recuerdos, escribir una carta con experiencias vividas con el ser querido, hacer un dibujo, etc.
Qué puedes hacer y qué debes evitar para ayudar a una persona que ha perdido a un ser querido o a sufrido una pérdida.
¿Qué puedo hacer para ayudar?
- Promueve la comunicación, ayuda a la persona a que se exprese y cuente cómo se encuentra.
- Escuchar un 80% del tiempo y hablar un 20%.
- Ofrece a la persona ayudas concretas y toma la iniciativa de contacto.
- Esperar “momentos difíciles” en el futuro, con intentos activos de afrontar sentimientos y decisiones difíciles durante los meses que siguen a la pérdida.
- Estar ahí, acompañando a la persona. Hay pocas normas para ayudar, aparte de la autenticidad y el cuidado.
- Hablar de nuestras propias pérdidas y de cómo nos adaptamos a ellas. Aunque es posible que la persona tenga un estilo de afrontamiento diferente al nuestro, este tipo de revelaciones pueden ser de ayuda.
- Establecer un contacto físico adecuado, poniendo el brazo sobre el hombro o dándole un abrazo cuando fallan las palabras. Aprender a sentirse cómodo/a con el silencio compartido.
- Ser paciente con la persona que ha sufrido la pérdida y permitirle compartir sus recuerdos del ser querido. Esto fomenta una continuidad saludable en la orientación a un futuro que ha quedado transformado por la pérdida.
¿Qué debo evitar para poder ayudar?
- Obligar a la persona a que asuma el papel, diciendo: “Lo estás haciendo muy bien”.
- Decir a la persona que ha sufrido la pérdida lo que tiene que hacer o cómo se tiene que sentir.
- Decir “Llámame si necesitas algo”. Este tipo de frases suelen tomarse en un sentido contrario.
- Sugerir que el tiempo cura todas las heridas. Las heridas de la pérdida no se curan nunca por completo y el trabajo del duelo es más activo de lo que sugiere esta frase.
- Hacer que sean otros quien presten la ayuda. Nuestra presencia y preocupación es personal.
- Decir: “Sé cómo te sientes”. Cada persona experimenta el dolor de una manera única.
- Utilizar frases manidas de consuelo, como: “Hay otros peces en el mar” o “Los caminos del Señor inescrutables”.
- Intentar que la persona se dé prisa en superar su dolor. El proceso del duelo requiere tiempo y paciencia y no puede hacerse en un plazo de tiempo fijo.


